Violetta Club y Teatro Independencia presentan DIDO & ENEAS

| Ópera Barroca | Jue12 Vier13 Sáb14 Junio 2014 | Teatro Independencia

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Trailer DIDO Y ENEAS |16|17|18 Febrero 2012

OPERA Dido & Eneas ||| Jueves 16, Viernes 17 y Sábado 18 de Febrero 2012 22hs.

||| NAVE CULTURAL. Sala 1. (Av. España y J. A. Maza, Ciudad de Mendoza. Argentina)

Informes: (0261) 4 495288. ||| Horario boletería: martes de 10 a 13; miércoles y sábados de 10 a 13 y de 18 a 21; domingos de 18 a 21. Lunes cerrado. navecultural@ciudaddemendoza.gov.ar

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NUEVAS FUNCIONES/// FEBRERO 2012/// JUE 16 + VIE 17 + SÁB 18 22 HS

JUE 16 VIE 17 SÁB 18 FEBRERO 2012 22 HS

Jueves 16, Viernes 17 y Sábado 18 de Febrero  22hs. OPERA Dido & Eneas. Sala 1. NAVE CULTURAL (Av. España y J. A. Maza, Ciudad de Mendoza) . Informes: 4495288. Valor: $30, $60 y $80. Horario boletería: martes de 10 a 13; miércoles y sábados de 10 a 13 y de 18 a 21; domingos de 18 a 21. Lunes cerrado.  navecultural@ciudaddemendoza.gov.ar

 

 

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Dido y Eneas, un amor sin tiempos. Diario UNO (29/09/2011)

Gisela Emma Saccavino
gsaccavino@diariouno.net.ar

Historicidad musical y contemporaneidad visual confluyen en Dido y Eneas, la ópera que la historia convirtió en la obra cumbre del barroco inglés y que mañana, pasado y el domingo se montará en la Nave Cultural con una tripulación que emerge desde múltiples lenguajes artísticos.

Violetta Club, banda de “restauradores de la música antigua” desde la música, el Ballet Contemporáneo de la Ciudad de Mendoza desde la danza y un grupo de cantantes armado especialmente para encarar esta original puesta en nuestra provincia son algunos de los 40 artistas que se embarcarán en este desafiante viaje. A los “navegantes” se suma un coro de cortesanos, brujas y marineros que estará coordinado por Elisabeth Guerra.

Dido y Eneas tiene su fuente de inspiración en La Eneida, obra compuesta en el siglo I aC por Virgilio, quien elaboró una reescritura de los poemas homéricos. En 1689, el inglés Henry Purcell hizo foco en la trágica historia de amor que simboliza la eterna enemistad entre Cartago (Dido) y Troya (Eneas) y le aporta complejidad escénica con diversos lenguajes del arte.

Cuatro siglos más tarde y en el Oeste argentino, un grupo de artistas de múltiples disciplinas se cruzaron para actualizar una historia que adquiere plena vigencia en esta tempestuosa y pasional era posmoderna. Lo ruptural se convirtió en una de las premisas del grupo de trabajo.

Sin escondites
“Un punto de partida decisivo en este sentido es que esta ópera fue concebida para montarse en un lugar que no es un teatro. La ópera está, generalmente, resguardada por el foso para los músicos, las bambalinas, el mutis, muchos elementos que apuntan a esconder; por el contrario, en esta puesta está todo al descubierto, estamos bañados por la misma luz”, explicó Alejandro Fiore, ejecutante del violín barroco en Violetta Club, grupo dirigido por Gabriela Guembe.

“La idea es evitar las situaciones de ‘friso’ del teatro clásico”, agregó Federico Ortega, a cargo de la puesta de la obra. La alusión, según aclaró, refiere a que en las óperas tradicionales los espectadores suelen ocupar un lugar pasivo, casi se diría de “televidentes”.

Y esa idea motriz de “puesta industrial” fue potenciada por el lugar elegido, urbano, de chapa y alejado de la estructura de un teatro clásico. “No hay nada escondido ni hay dónde, los intérpretes están al ras del piso, al igual que los músicos y los bailarines”, detalló Ortega. Esta idea fue también replicada en los vestuarios –responsabilidad de los diseñadores Leo Peralta y Joana Ortega, quienes han trabajado con vestuarios “en crudo” como mamelucos y materiales reconocibles de la cotidianidad– y en la teatralidad. “Se busca ante todo generar proximidad y, a la vez, que los cuerpos que cuentan la historia, ya sea cantando, bailando o tocando, convivan, no que ni se vean, esas convenciones operísticas ya están perimidas”, explicó el puestista.

“Sí usamos –añadió– referencias concretas de la maquinaria del teatro barroco, como marco de una puesta actual, lo barroco se da con música, danza y vestuario”.

Sin estereotipos
Persistentes en derrocar lugares comunes, músicos, cantantes y bailarines trabajaron también en desestructurar sus roles para huir de los estereotipos. Y esto se traslada también al nivel conceptual, por ejemplo en contrastes barrocos como el bien y el mal.

“Dido y Eneas es una obra que tiene mucho resuelto, de hecho fue concebida para un conservatorio. Es accesible, corta y a la vez posible de concretar en cuanto a requerimientos técnicos”, destacó Fiore. Por esto, el equipo apuntó a innovar también desde el “cómo” contar la historia.

A nivel conceptual, la vitalidad de la temática reside, para Ortega, en esa pugna entre la construcción y la destrucción, que se traslada a los tópicos de “amor” y “destino”, entre los que se mueven los protagonistas de la ópera. Y qué más contundente para graficar esta tensa lucha de fuerzas que el verso de la célebre aria que entona Dido previo a su trágico final: “Recuérdame, pero olvida mi destino”.

La obra está cantada en su inglés original y se dispondrá de un sobretitulado.

http://www.diariouno.com.ar/edimpresa/2011/09/29/nota283281.html

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Una vedette desnuda cayó de un quinto piso sobre un camión con soja. MDZ (4/10/2011)

Great minds against themselves conspire,
And shun the cure they most desire
”,

Los grandes espíritus conspiran contra sí mismos
y rechazan la cura que tanto desean
”.
Dido and Aeneas, Henry Purcell.

Por Ulises Naranjo.

No está mal mentir, si es por una causa noble. Eso decía mi abuela Blanca Elvira, mientras nos enseñaba los secretos de la vida, a través de los secretos del chinchón, ahí, concentrada en las cartas y planeando sus estrategias, que incluían engaños, porque el azar se excita, si comparte trama con ardides no santos y la vida, ya saben ustedes, es azar y es ardid, un chinchón mal barajado.

Usted, lector, dirá qué tiene que ver esto con una vedette desnuda haciendo un video hot que cae sobre un camión con soja estacionado en Palermo, pues bien, tal vez necesite que se le diga que ha sido engañado, otra vez, o no, al solo efecto de que lea un comentario sobre una ópera; o tal vez sobre otra cosa o ambas, dos.

Si mi abuela vivera, aprobaría la treta, porque ella también alguna vez fue abducida, y era de Racing y también amó la ópera “I pagliacci”, la de Enrico Caruso, pero, bueno, esto no viene al caso. ¿En qué estábamos?

Sabido es que la maravilla hace nido en la sorpresa y así fue la otra noche, cuando, solitario como un lunar sobre tu espalda, fui la otra noche a ver una ópera hecha por mendocinos, Dido & Eneas se llamó, un verdadero hallazgo, la prueba de que podemos hacer ópera y hacerla bien (puse ahí lo de “solitario”, no tanto porque es verdad, sino porque, si salís de noche como un trágico perro solo, o no, bueno, la soledad “garpa”, hace que el lector quiera cuidarte y a las chicas lectoras les despierta el instinto maternal). Hablemos del mito.

 

Los latinos llegaron 500 años después que los griegos al mito; de hecho, y no casualmente, también al imperio. Sin embargo, nada alteraron de esta cosmogonía, lo cual habla mal y bien de ellos: mal por jeropas los vagos, bien porque, tal vez, entendieron que la estructura de los mitos sostiene eternidades y las eternidades, imperios. Virgilio, el gran poeta latino, un espíritu noble de gran apetito cultural, tomó un mito, el de Dido y Eneas, para hablar en uno de los cantos de su “Eneida”, de los grandes temas de la vida (vaya uno a saber por qué, un grupo de artistas mendocinos, jóvenes y talentosos, se pusieron esta obra barroca entre los ojos, tal vez, por su música, tal vez por sus temas).

Como en el mito de Asterión, en este hay dos poderosas ciudades en pugna. Si para el mito griego eran Creta y Atenas las rivales, para el latino son Cártago y Roma las urbes enemigas. En ambos mitos, el amor cruzado o algo parecido al amor pondrá en vilo las decisiones de los monarcas. Ya saben ustedes: enamorarse de la persona equivocada –del mismísimo enemigo– es una de las formas mayores del amor.

No sé qué hacer conmigo; abro Facebook con mecánica estupidez y tenemos un pequeño diálogo con mi amiga Marcela. Ella me hace sentir más bobo, pero menos solo: “Che nene, ¿de dónde sacás tantos contactos? A cada rato aparece ‘Ulises Naranjo tiene 25 amigos nuevos’. ¿Vos querés tener un millon de amigos? Jaja”. Atino a responderle: “Querida Marce: verás que FB es la forma perfecta que asume la virtualidad. Nadie está tan solo, nadie está demasiado acompañado, nadie conoce a nadie. No hay diferencia entre nosotros y el sereno del faro del fin del mundo, salvo que él tiene un propósito: iluminar a los desesperados”. La noche se despliega con una lentitud abrumadora. Nada la ilumina. Cambiamos de tema.

 

Sucedió así: la vedette filmaba en el balcón, desnuda como un verbo, atlética y jubilosa. Mientras tanto, un camionero que transportaba soja paró a comprar cigarrillos. En tanto, este que escribe, se pegó un baño y fue a la ópera y volvió a casa feliz y la heladera estaba vacía, salvo por la botella de Ser de manzana, y se dispuso a escribir para condescender con los dictados de la noche. Tirado en la cama, encendió su máquina y tipeó: “No está mal mentir, si es por una causa noble. Eso decía mi abuela Blanca Elvira, mientras nos enseñaba los secretos de la vida, jugando al chinchón, concentrada en las cartas y planeando sus estrategias, que incluían engaños…”.

Eneas vivió toda su vida engañado por los dioses. Nada de lo que él pudiera decidir estaba exento de ser dictado por la divinidad. Eneas, digamos, era un troyano hijo de Venus y llamado a fundar Roma. Dido era la reina de Cártago, en la exótica África, y Venus hizo de las suyas para que se enamoraran. Incluso lo hizo a sabiendas de que su hijo renunciaría a su amor para fundar Roma. Ya saben ustedes, desde siempre, los dioses han usado el amor de los hombres sólo para alcanzar sus propósitos (por eso, amigos, no importa de quién nos enamoramos, sino qué clase de propósito divino estamos cumpliendo; amamos, en realidad, para calmar la sed de sangre de los dioses).

Tales cuestiones sedujeron a Henry Purcell en un siglo hermoso para Europa: el XVII. La obra del inglés (esto seguramente ya lo dijo alguien) es un valiosísimo antecedente para el romanticismo, uno de los movimientos integrales más importantes de la historia de la humanidad. “Dido and Aeneas”, estrenada en 1689, tiene mucho ingrediente romántico: exotismo, amores trágicos, estructuras libres, incorporación de otras artes –danza por ejemplo– en el argumento, héroes caídos por amor en batalla y hasta canciones de carácter popular, cuestiones que abundaron, sobre todo, en la posterior literatura romántica, a partir de comienzos del siglo XIX.

Pues bien, la ópera mendocina dejó trasuntar todo esto, en un marco de escena, el que posibilita La Nave Cultural, que nada obsta de imaginar como industrial: un espacio de los ’70 para una puesta de los ’80, años en los que los artistas en escena recién estaban naciendo (estamos viejos, piensa este escriba y corre a un lado su notebook; enciende entonces la Ex Box y, quizás para negarse a sí mismo, juega un partido de fútbol contra la máquina. Carga el campeonato que viene jugando: próximo partido Argentina vs Cisjordania, que siempre se hace fuerte de local. El partido se juega mucho en mitad de la cancha; los cisjordanos se aferran a su esquema 4-5-1, abusan de la pierna fuerte, sin embargo, al final, tras genialidades de Messi y Agüero, gana Argentina 3 a 0. El cronista apaga la Ex y toma otro trago de agua Ser de manzana: trae de nuevo hacia sí la notebook y escribe: “Resulta curioso reflexionar acerca de un tema: quienes hicieron Dido & Eneas, porque a la vez, son talentosos y viven a la vuelta de tu casa…”)

Resulta curioso reflexionar acerca de un tema: quienes hicieron Dido & Eneas, porque a la vez, son talentosos y viven a la vuelta de tu casa, compran los martes en el súper por eso del 15% con tarjeta de débito y después, a la noche, van solos a ver películas francesas al Cine Universidad (al cine, el teatro y la ópera, hay que ir solos o con la persona indicada, no hay otra alternativa; agreguemos que las personas indicadas son aquellas que por lo común, estando cerca están lejos, siempre miran hacia otro lado).

¡Qué fácil resulta, llegado el caso, hablar bien de Virgilio, Purcell, Caruso, Messi y Agüero! Tan hartos estamos de nosotros mismos que buscamos la maravilla en la mitología o en los exitosos de turno (jamás la Historia se ha fijado en nosotros; jamás hemos protagonizado, por más nimio que resulte, acontecimiento alguno digno de ser recordado; desconocemos por completo las bondades del símbolo y la eficacia de la gesta; mendocinos: desapareceremos de la faz de la tierra y nadie sabrá jamás que la habitamos).

 

El reloj asegura (los relojes siempre aseguran) que son las 3:27, ya del sábado. Al amanecer, iremos con un amigo a Vallecitos, a subir un cerro, ya saben ustedes, las piedras y las nieve son las formas que adopta el silencio cuando quiere ser acariciado; mientras tanto, resuena en el pecho el coro final de la ópera Dido & Eneas, con Dido muerta en brazos de Belinda, muerta de pálido amor sobre el piso de palacio, como una gitana desnuda sobre el cuero del mundo:

With drooping wings ye Cupids come,
And scatter roses scatter roses on her tomb.
Soft and gentle as her heart.
Keep here, here your watch, and never part
”.

Con las alas plegadas se acerca Cupido,
y esparce rosas sobre su tumba,
Dulces y tiernas como su corazón.
Mantente aquí vigilante, y no partas nunca
”.

No sabe, la muy reina, que su muerte iluminará a los amantes por los siglos, que nos evitará morir por motivos semejantes, que su tragedia será antídoto contra los propios pesares y que, incluso, será aplaudida de pie, rojas las palmas de los últimos desahuciados. Todo es pasto del olvido, todo, menos aquellas ceremonias en las que se sacrifican reinas.

http://www.mdzol.com/mdz/nota/330825-una-vedette-desnuda-cayo-de-un-quinto-piso-sobre-un-camion-con-soja/

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Quedarse es morir un poco (o todo). Revista Don Marlon (30/09/2011)

“Recuérdame, pero olvida mi destino”, suplica el protagonista en el aria final. ¿Puede acaso el hombre torcer su sino? ¿Cuál es el punto de inflexión entre la vida y lo predestinado? A estos profundos dilemas atemporales nos confronta la calificada como mejor ópera inglesa anterior al siglo XX: Dido y Eneas. Con la obra de Henry Purcell, el Violetta Club junto al Ballet Contemporáneo de Capital y un coro concertado para la ocasión, se visten con un “traje a medida”.

La imagen la comparte Gabriela Guembe, directora del conjunto de música barroca explicando por qué tomaron ésta y no otra de las prendas que atesora el arcón de composiciones líricas.

“La idea viene dando vueltas desde hace unos quince años cuando nos encontramos con Paula Waisman (directora de la Orquesta Barroca Argentina) y escuchamos la interpretación de  Alejandra Tortosa (soprano hoy integrante del grupo De Boca en Boca). Tiene un formato accesible y voces disponibles en Mendoza. Lo sentimos como un traje a medida para Violetta Club”, describe la violoncellista.

En poco más de una hora, los cuarenta artistas que tomaron este desafío saltarán siglos y siglos en la línea del tiempo y pondrán a modo posmoderno esta historia de 1689.

Para acercar la parte mítica que inspira la ópera, es decir el anclaje en el libro IV de la Eneida de Virgilio, recrearán el prólogo pero sin pretensiones didácticas. Así los espectadores podrán apropiarse del hecho artístico como tal descartada la necesidad de contar con conocimientos previos para apreciarlo.

Margarita Pollini se ocupó de la redacción del prólogo especialmente escrito para esta puesta”, cuenta Guembe quien también asumió la adaptación y traducción de los textos en inglés con María Victoria Muñoz. En tal sentido cabe destacar que específicamente esta composición de Purcell se destaca por la magistral utilización de la lengua. Nunca antes ni después de él, el idioma encontró una mejor vehiculización musical.

En esta versión no se respeta la rima del inglés original y contará con un sobretitulado que le permitirá al público seguir el libreto de Nahum Tate.

El argumento trata sobre los amores de la legendaria Dido, reina de Cartago, y el príncipe troyano Eneas. El héroe debe partir al recibir la llamada de los dioses para fundar una nueva ciudad, Roma. Tras la partida de Eneas de Cartago, la reina Dido cae en una profunda desesperación que la lleva a la muerte.

Armonizando estéticas

Para organizar el cómo del proyecto, convocaron a Federico Ortega Oliveras quien se ocupa de la puesta en escena.

“Me interesó muchísimo esta posibilidad de montarla para La Nave Cultural y de que pudiera sumarse el Ballet con Valentina y Lucía Fusari. Espacialmente me gustó la idea de aprovechar la crudeza de los materiales de la sala. Que se vieran las chapas, las gradas. Al no disponer de un foso, los músicos pasaron a ocupar el corazón de la escena y al estar tan expuestos tienen su cuota de actuación. Aunque hemos tratado de no marcar nada en los ensayos para que los gestos espontáneos fuesen decantando y como natural consecuencia quedando”, suelta el actor.

En el caso del coro, con dirección de Elisabeth Guerra, se propone como un conjunto activo que asiente interpretativamente en determinados momentos de la acción.

Tal vez en la mixtura de conceptos estéticos encontremos el aporte de esta versión operística. Porque si bien desde lo musical se respeta el historicismo realista (con instrumentos y técnicas propias de la época en que fue concebida), el abordaje visual apela literalmente a la mirada contemporánea interpelándonos en este presente.

Inevitablemente estarán los mares que giran, y los bosques -locaciones explícitas del guión- pero también irrumpirá un auto en escena y nos mostrarán una cueva con señores tomando el té.

“Apliqué algo de lo que estudié en Montevideo con una directora que decía por ejemplo, ‘en esta escena se cita la idea de’”, cuenta Federico poniendo en valor las referencias que exigen de espectadores atentos aunque dándoles la libertad de construir sus propios mapas de relaciones.

Mientras que a Gabriela la moviliza el tema de la apropiación del destino en esta actualización del clásico, a Federico le atrae como leit motiv la fragilidad de aquello que recién se empieza a construir.

De esta semiosis ilimitada que nos convida Dido y Eneas seguramente encontremos similitudes con la coyuntura política que transitamos, y con cuantas situaciones de conspiración, hipocresía o sumisión descubramos a nuestro alrededor.

Silvia Lauriente

Ficha:

Dido y Eneas. Dirección musical: Gabriela Guembe. Puesta en escena: Federico Ortega Oliveras. Maestra de coro: Elisabeth Guerra. Coreografía: Lucía y Valentina Fusari. Escenografía y dirección técnica: Gabriela Bizón. Vestuario: Leonardo Peralta y Joana Ortega.

En roles protagónicos:

Dido, reina de Cartago: Gloria López Sandmann, mezzosoprano. Eneas, príncipe troyano: Fernando Lazari, barítono. Belinda, confidente de Dido: Griselda López Zalba, soprano.

Las funciones: Viernes 30 de setiembre a las 21:30. Sábado 1 de octubre a las 21:30. Domingo 2 a las 20. En La Nave Cultural: España y Maza, Ciudad.

http://www.revistadonmarlon.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=367:quedarse-es-morir-un-poco-o-todo&catid=23:opera&Itemid=79

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