Dido y Eneas, la tragedia del destino. Diario Los Andes (30/09/2011)

La ópera purcelliana regresa a los escenarios locales con 40 artistas capitaneados por el grupo de música barroca Violetta Club.

Si bien la ópera del británico Henry Purcell (1659-1695) ya se ha interpretado varias veces en Mendoza, no cabe duda de que hasta la fecha no se ha abordado desde el particular punto de vista propuesto por esta compañía independiente de artistas mendocinos, cuarenta en total,  exclusivamente reunidos para la ocasión.

Por un lado, esta versión desde lo musical es auténticamente historicista; es decir, que respeta los instrumentos barrocos y las técnicas de interpretación de la época en que fue concebida por el autor, a finales del siglo XVII. Y por otro lado materializa visualmente esta historia con vestuario y escenografía contemporáneas.

Estas dos decisiones estéticas diferencian a esta producción de todas las anteriores realizadas en nuestra provincia, con la intención de renovar el atractivo de la ópera para una nueva generación de espectadores.

En el camino de actualizar en 2011 una obra de 1600, inspirada a su vez en un poema épico del siglo I aC, las posibilidades de abordaje pueden resultar tan numerosas como las puestas realizadas desde el estreno en Londres en 1689, hasta hoy; un siglo XXI en el cual “Dido y Eneas” goza de una total vigencia en las producciones de las casas de ópera internacionales, a pesar de haber pasado inadvertida en el momento del debut, 322 años atrás.

Para escapar de la iluminación de fogatas, y de las togas blancas escenificando el estereotipo del clasicismo romano que el público europeo digería en tiempos de Purcell -un total cliché-, el grupo de música barroca Violetta Club, ideólogo de este proyecto, prefirió simpatizar con la línea de montaje actual de las producciones europeas, que consiste en cambiar la época y el lugar de los acontecimientos, aunque protegiendo el relato original; tal como sucedió en una reciente producción en Lausanne, con una pareja protagonista luchando por su amor en la España franquista.

Para volver a narrar la legendaria tragedia entre Eneas, el príncipe troyano, y la reina de Cártago, Dido, en este estreno (en tres funciones, hoy, mañana y el domingo) el texto permanecerá casi intacto (con excepción de un revelador prólogo interpretado por la actriz Margarita Cubillos y escrito por la crítica de espectáculos porteña Margarita Pollini); aunque la manera de narrarlo, desde el punto de vista visual, está imaginado para disipar las referencias temporales y espaciales, colocando a los protagonistas en un indefinido rincón del siglo XX, en una imprecisa y atmosférica década de un país posindustrial.

Predeterminado como el destino de Eneas (guiado por los dioses a fundar Roma), este enorme galpón taller de la Nave inspiró la maqueta visual del proyecto, convirtiéndose en la primera ópera estrenada en este complejo de salas.

“Desde el principio hubo un factor determinante para esta nueva adaptación”, nos detalla Alejandro Fiore, cuerdista de Violetta Club, “y fue la forma metálica de la sala. Entonces decidimos aprovechar ese peso físico e histórico de haber sido una vieja estación de trenes”.

Al montar la ópera fuera de los convencionalismos estructurales de un teatro, las entradas y salidas de los personajes, así como los engranajes de la escenografía permanecen abiertos a la vista del público y la trama se lleva  a cabo en un gran espacio de un escenario sin altura, donde los músicos están vestidos con overoles y los protagónicos lucen vestuario urbano y moderno.

“Con estos elementos contemporáneos queríamos captar al público joven y renovar a los espectadores”, admite Fiore. “Es que uno habitualmente oye la palabra ‘ópera’ y se le viene el miriñaque a la cabeza. Muchos sabemos que el mundo de la ópera actual no es así. En Europa la gente vio mil veces la misma ópera, y la única forma de que las compañías llamen la atención es a través de una puesta diferente”.

Si bien el texto original es extensísimo, para abordar este IV libro de la “Eneida” de Virgilio donde aparece la historia de Dido y Eneas, Henry Purcell, en colaboración con el dramaturgo Nahum Tate, comprimió el relato a una hora de duración y lo dividió en tres actos; convirtiéndose en la única ópera de este compositor.

“Pensamos que en este momento en Mendoza hay gente preparada y profesional para llevar a cabo este proyecto”, admite  Fiore y desde esta consigna apuesta a la materialización del proyecto.

El elenco

El esplendor del barroco medio (período de pertenencia de esta ópera) regresa con músicos, cantantes, bailarines y coro, resultado de un trabajo cooperativo de un gran número de colegas de la Escuela de Música y de otros proyectos musicales. La cantante Gloria López Sandman interpreta a Dido, Griselda López Zalba a Belinda y Fernando Lazari a Eneas.

Al canto se suma un coro con la batuta de la maestra preparadora Elisabeth Guerra y la danza está a cargo del Ballet Contemporáneo de la Ciudad de Mendoza, dirigido por las hermanas Lucía y Valentina Fusari.

En el caso de los vestuarios, fueron confeccionados especialmente por los diseñadores Leo Peralta y Joana Ortega, mientras que la puesta en escena y la dirección musical es de Federico Ortega Oliveras y Gabriela Guembe, respectivamente.

No obstante, la idea original para llevar a buen puerto esta nueva adaptación pertenece por entero a Violetta Club, de consagrada trayectoria a nivel nacional y con una intensa experiencia en festivales provinciales, argentinos e incluso latinoamericanos.

Los Violetta (Sebastián Alcaraz, Alejandro Fiore, Gabriela Guembe, José Luis Di Marco y Gustavo Richter), se han confesado desde el primer momento amantes de Purcell; de hecho, el primer CD del grupo “Música restaurada” (2008) contiene seis piezas de su querido Henry.

“Desde nuestros orígenes hemos tocado justamente dos piezas de ‘Dido y Eneas’ que nos
gustan mucho, el de apertura y las danzas” nos aclara Gabriela Guembe, la directora musical de la ópera. Además agrega: “En la puesta está el espacio con más libertad que uno puede disponer y por eso el resultado es tan contemporáneo; no nos anclamos en ningún período histórico en particular pero los acontecimientos están sucediendo en algún momento del siglo XX”.

“Desde lo musical, y como toda partitura antigua, está también abierta a las decisiones que toma el intérprete. En el caso de esta adaptación le hemos agregado flauta, contrabajo para reforzar el bajo”, dice Guembe. “Dido y Eneas” tiene una de las arias más conmovedoras de la historia de la ópera, “Cuando yazca bajo la tierra” (“When I am laid in earth”), además considerada hoy como una de las mejores de la historia de la música. Pablo Pereyra – ppereyra@losandes.com.ar

http://www.losandes.com.ar/notas/2011/9/30/dido-eneas-tragedia-destino-596984.asp

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