Dido y Eneas, un amor sin tiempos. Diario UNO (29/09/2011)

Gisela Emma Saccavino
gsaccavino@diariouno.net.ar

Historicidad musical y contemporaneidad visual confluyen en Dido y Eneas, la ópera que la historia convirtió en la obra cumbre del barroco inglés y que mañana, pasado y el domingo se montará en la Nave Cultural con una tripulación que emerge desde múltiples lenguajes artísticos.

Violetta Club, banda de “restauradores de la música antigua” desde la música, el Ballet Contemporáneo de la Ciudad de Mendoza desde la danza y un grupo de cantantes armado especialmente para encarar esta original puesta en nuestra provincia son algunos de los 40 artistas que se embarcarán en este desafiante viaje. A los “navegantes” se suma un coro de cortesanos, brujas y marineros que estará coordinado por Elisabeth Guerra.

Dido y Eneas tiene su fuente de inspiración en La Eneida, obra compuesta en el siglo I aC por Virgilio, quien elaboró una reescritura de los poemas homéricos. En 1689, el inglés Henry Purcell hizo foco en la trágica historia de amor que simboliza la eterna enemistad entre Cartago (Dido) y Troya (Eneas) y le aporta complejidad escénica con diversos lenguajes del arte.

Cuatro siglos más tarde y en el Oeste argentino, un grupo de artistas de múltiples disciplinas se cruzaron para actualizar una historia que adquiere plena vigencia en esta tempestuosa y pasional era posmoderna. Lo ruptural se convirtió en una de las premisas del grupo de trabajo.

Sin escondites
“Un punto de partida decisivo en este sentido es que esta ópera fue concebida para montarse en un lugar que no es un teatro. La ópera está, generalmente, resguardada por el foso para los músicos, las bambalinas, el mutis, muchos elementos que apuntan a esconder; por el contrario, en esta puesta está todo al descubierto, estamos bañados por la misma luz”, explicó Alejandro Fiore, ejecutante del violín barroco en Violetta Club, grupo dirigido por Gabriela Guembe.

“La idea es evitar las situaciones de ‘friso’ del teatro clásico”, agregó Federico Ortega, a cargo de la puesta de la obra. La alusión, según aclaró, refiere a que en las óperas tradicionales los espectadores suelen ocupar un lugar pasivo, casi se diría de “televidentes”.

Y esa idea motriz de “puesta industrial” fue potenciada por el lugar elegido, urbano, de chapa y alejado de la estructura de un teatro clásico. “No hay nada escondido ni hay dónde, los intérpretes están al ras del piso, al igual que los músicos y los bailarines”, detalló Ortega. Esta idea fue también replicada en los vestuarios –responsabilidad de los diseñadores Leo Peralta y Joana Ortega, quienes han trabajado con vestuarios “en crudo” como mamelucos y materiales reconocibles de la cotidianidad– y en la teatralidad. “Se busca ante todo generar proximidad y, a la vez, que los cuerpos que cuentan la historia, ya sea cantando, bailando o tocando, convivan, no que ni se vean, esas convenciones operísticas ya están perimidas”, explicó el puestista.

“Sí usamos –añadió– referencias concretas de la maquinaria del teatro barroco, como marco de una puesta actual, lo barroco se da con música, danza y vestuario”.

Sin estereotipos
Persistentes en derrocar lugares comunes, músicos, cantantes y bailarines trabajaron también en desestructurar sus roles para huir de los estereotipos. Y esto se traslada también al nivel conceptual, por ejemplo en contrastes barrocos como el bien y el mal.

“Dido y Eneas es una obra que tiene mucho resuelto, de hecho fue concebida para un conservatorio. Es accesible, corta y a la vez posible de concretar en cuanto a requerimientos técnicos”, destacó Fiore. Por esto, el equipo apuntó a innovar también desde el “cómo” contar la historia.

A nivel conceptual, la vitalidad de la temática reside, para Ortega, en esa pugna entre la construcción y la destrucción, que se traslada a los tópicos de “amor” y “destino”, entre los que se mueven los protagonistas de la ópera. Y qué más contundente para graficar esta tensa lucha de fuerzas que el verso de la célebre aria que entona Dido previo a su trágico final: “Recuérdame, pero olvida mi destino”.

La obra está cantada en su inglés original y se dispondrá de un sobretitulado.

http://www.diariouno.com.ar/edimpresa/2011/09/29/nota283281.html

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