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Dido y Eneas, un amor sin tiempos. Diario UNO (29/09/2011)

Posted on enero 10, 2012

Gisela Emma Saccavino
gsaccavino@diariouno.net.ar

Historicidad musical y contemporaneidad visual confluyen en Dido y Eneas, la ópera que la historia convirtió en la obra cumbre del barroco inglés y que mañana, pasado y el domingo se montará en la Nave Cultural con una tripulación que emerge desde múltiples lenguajes artísticos.

Violetta Club, banda de “restauradores de la música antigua” desde la música, el Ballet Contemporáneo de la Ciudad de Mendoza desde la danza y un grupo de cantantes armado especialmente para encarar esta original puesta en nuestra provincia son algunos de los 40 artistas que se embarcarán en este desafiante viaje. A los “navegantes” se suma un coro de cortesanos, brujas y marineros que estará coordinado por Elisabeth Guerra.

Dido y Eneas tiene su fuente de inspiración en La Eneida, obra compuesta en el siglo I aC por Virgilio, quien elaboró una reescritura de los poemas homéricos. En 1689, el inglés Henry Purcell hizo foco en la trágica historia de amor que simboliza la eterna enemistad entre Cartago (Dido) y Troya (Eneas) y le aporta complejidad escénica con diversos lenguajes del arte.

Cuatro siglos más tarde y en el Oeste argentino, un grupo de artistas de múltiples disciplinas se cruzaron para actualizar una historia que adquiere plena vigencia en esta tempestuosa y pasional era posmoderna. Lo ruptural se convirtió en una de las premisas del grupo de trabajo.

Sin escondites
“Un punto de partida decisivo en este sentido es que esta ópera fue concebida para montarse en un lugar que no es un teatro. La ópera está, generalmente, resguardada por el foso para los músicos, las bambalinas, el mutis, muchos elementos que apuntan a esconder; por el contrario, en esta puesta está todo al descubierto, estamos bañados por la misma luz”, explicó Alejandro Fiore, ejecutante del violín barroco en Violetta Club, grupo dirigido por Gabriela Guembe.

“La idea es evitar las situaciones de ‘friso’ del teatro clásico”, agregó Federico Ortega, a cargo de la puesta de la obra. La alusión, según aclaró, refiere a que en las óperas tradicionales los espectadores suelen ocupar un lugar pasivo, casi se diría de “televidentes”.

Y esa idea motriz de “puesta industrial” fue potenciada por el lugar elegido, urbano, de chapa y alejado de la estructura de un teatro clásico. “No hay nada escondido ni hay dónde, los intérpretes están al ras del piso, al igual que los músicos y los bailarines”, detalló Ortega. Esta idea fue también replicada en los vestuarios –responsabilidad de los diseñadores Leo Peralta y Joana Ortega, quienes han trabajado con vestuarios “en crudo” como mamelucos y materiales reconocibles de la cotidianidad– y en la teatralidad. “Se busca ante todo generar proximidad y, a la vez, que los cuerpos que cuentan la historia, ya sea cantando, bailando o tocando, convivan, no que ni se vean, esas convenciones operísticas ya están perimidas”, explicó el puestista.

“Sí usamos –añadió– referencias concretas de la maquinaria del teatro barroco, como marco de una puesta actual, lo barroco se da con música, danza y vestuario”.

Sin estereotipos
Persistentes en derrocar lugares comunes, músicos, cantantes y bailarines trabajaron también en desestructurar sus roles para huir de los estereotipos. Y esto se traslada también al nivel conceptual, por ejemplo en contrastes barrocos como el bien y el mal.

“Dido y Eneas es una obra que tiene mucho resuelto, de hecho fue concebida para un conservatorio. Es accesible, corta y a la vez posible de concretar en cuanto a requerimientos técnicos”, destacó Fiore. Por esto, el equipo apuntó a innovar también desde el “cómo” contar la historia.

A nivel conceptual, la vitalidad de la temática reside, para Ortega, en esa pugna entre la construcción y la destrucción, que se traslada a los tópicos de “amor” y “destino”, entre los que se mueven los protagonistas de la ópera. Y qué más contundente para graficar esta tensa lucha de fuerzas que el verso de la célebre aria que entona Dido previo a su trágico final: “Recuérdame, pero olvida mi destino”.

La obra está cantada en su inglés original y se dispondrá de un sobretitulado.

http://www.diariouno.com.ar/edimpresa/2011/09/29/nota283281.html

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Una vedette desnuda cayó de un quinto piso sobre un camión con soja. MDZ (4/10/2011)

Posted on enero 10, 2012

Great minds against themselves conspire,
And shun the cure they most desire
”,

Los grandes espíritus conspiran contra sí mismos
y rechazan la cura que tanto desean
”.
Dido and Aeneas, Henry Purcell.

Por Ulises Naranjo.

No está mal mentir, si es por una causa noble. Eso decía mi abuela Blanca Elvira, mientras nos enseñaba los secretos de la vida, a través de los secretos del chinchón, ahí, concentrada en las cartas y planeando sus estrategias, que incluían engaños, porque el azar se excita, si comparte trama con ardides no santos y la vida, ya saben ustedes, es azar y es ardid, un chinchón mal barajado.

Usted, lector, dirá qué tiene que ver esto con una vedette desnuda haciendo un video hot que cae sobre un camión con soja estacionado en Palermo, pues bien, tal vez necesite que se le diga que ha sido engañado, otra vez, o no, al solo efecto de que lea un comentario sobre una ópera; o tal vez sobre otra cosa o ambas, dos.

Si mi abuela vivera, aprobaría la treta, porque ella también alguna vez fue abducida, y era de Racing y también amó la ópera “I pagliacci”, la de Enrico Caruso, pero, bueno, esto no viene al caso. ¿En qué estábamos?

Sabido es que la maravilla hace nido en la sorpresa y así fue la otra noche, cuando, solitario como un lunar sobre tu espalda, fui la otra noche a ver una ópera hecha por mendocinos, Dido & Eneas se llamó, un verdadero hallazgo, la prueba de que podemos hacer ópera y hacerla bien (puse ahí lo de “solitario”, no tanto porque es verdad, sino porque, si salís de noche como un trágico perro solo, o no, bueno, la soledad “garpa”, hace que el lector quiera cuidarte y a las chicas lectoras les despierta el instinto maternal). Hablemos del mito.

Los latinos llegaron 500 años después que los griegos al mito; de hecho, y no casualmente, también al imperio. Sin embargo, nada alteraron de esta cosmogonía, lo cual habla mal y bien de ellos: mal por jeropas los vagos, bien porque, tal vez, entendieron que la estructura de los mitos sostiene eternidades y las eternidades, imperios. Virgilio, el gran poeta latino, un espíritu noble de gran apetito cultural, tomó un mito, el de Dido y Eneas, para hablar en uno de los cantos de su “Eneida”, de los grandes temas de la vida (vaya uno a saber por qué, un grupo de artistas mendocinos, jóvenes y talentosos, se pusieron esta obra barroca entre los ojos, tal vez, por su música, tal vez por sus temas).

Como en el mito de Asterión, en este hay dos poderosas ciudades en pugna. Si para el mito griego eran Creta y Atenas las rivales, para el latino son Cártago y Roma las urbes enemigas. En ambos mitos, el amor cruzado o algo parecido al amor pondrá en vilo las decisiones de los monarcas. Ya saben ustedes: enamorarse de la persona equivocada –del mismísimo enemigo– es una de las formas mayores del amor.

No sé qué hacer conmigo; abro Facebook con mecánica estupidez y tenemos un pequeño diálogo con mi amiga Marcela. Ella me hace sentir más bobo, pero menos solo: “Che nene, ¿de dónde sacás tantos contactos? A cada rato aparece ‘Ulises Naranjo tiene 25 amigos nuevos’. ¿Vos querés tener un millon de amigos? Jaja”. Atino a responderle: “Querida Marce: verás que FB es la forma perfecta que asume la virtualidad. Nadie está tan solo, nadie está demasiado acompañado, nadie conoce a nadie. No hay diferencia entre nosotros y el sereno del faro del fin del mundo, salvo que él tiene un propósito: iluminar a los desesperados”. La noche se despliega con una lentitud abrumadora. Nada la ilumina. Cambiamos de tema.

Sucedió así: la vedette filmaba en el balcón, desnuda como un verbo, atlética y jubilosa. Mientras tanto, un camionero que transportaba soja paró a comprar cigarrillos. En tanto, este que escribe, se pegó un baño y fue a la ópera y volvió a casa feliz y la heladera estaba vacía, salvo por la botella de Ser de manzana, y se dispuso a escribir para condescender con los dictados de la noche. Tirado en la cama, encendió su máquina y tipeó: “No está mal mentir, si es por una causa noble. Eso decía mi abuela Blanca Elvira, mientras nos enseñaba los secretos de la vida, jugando al chinchón, concentrada en las cartas y planeando sus estrategias, que incluían engaños…”.

Eneas vivió toda su vida engañado por los dioses. Nada de lo que él pudiera decidir estaba exento de ser dictado por la divinidad. Eneas, digamos, era un troyano hijo de Venus y llamado a fundar Roma. Dido era la reina de Cártago, en la exótica África, y Venus hizo de las suyas para que se enamoraran. Incluso lo hizo a sabiendas de que su hijo renunciaría a su amor para fundar Roma. Ya saben ustedes, desde siempre, los dioses han usado el amor de los hombres sólo para alcanzar sus propósitos (por eso, amigos, no importa de quién nos enamoramos, sino qué clase de propósito divino estamos cumpliendo; amamos, en realidad, para calmar la sed de sangre de los dioses).

Tales cuestiones sedujeron a Henry Purcell en un siglo hermoso para Europa: el XVII. La obra del inglés (esto seguramente ya lo dijo alguien) es un valiosísimo antecedente para el romanticismo, uno de los movimientos integrales más importantes de la historia de la humanidad. “Dido and Aeneas”, estrenada en 1689, tiene mucho ingrediente romántico: exotismo, amores trágicos, estructuras libres, incorporación de otras artes –danza por ejemplo– en el argumento, héroes caídos por amor en batalla y hasta canciones de carácter popular, cuestiones que abundaron, sobre todo, en la posterior literatura romántica, a partir de comienzos del siglo XIX.

Pues bien, la ópera mendocina dejó trasuntar todo esto, en un marco de escena, el que posibilita La Nave Cultural, que nada obsta de imaginar como industrial: un espacio de los ’70 para una puesta de los ’80, años en los que los artistas en escena recién estaban naciendo (estamos viejos, piensa este escriba y corre a un lado su notebook; enciende entonces la Ex Box y, quizás para negarse a sí mismo, juega un partido de fútbol contra la máquina. Carga el campeonato que viene jugando: próximo partido Argentina vs Cisjordania, que siempre se hace fuerte de local. El partido se juega mucho en mitad de la cancha; los cisjordanos se aferran a su esquema 4-5-1, abusan de la pierna fuerte, sin embargo, al final, tras genialidades de Messi y Agüero, gana Argentina 3 a 0. El cronista apaga la Ex y toma otro trago de agua Ser de manzana: trae de nuevo hacia sí la notebook y escribe: “Resulta curioso reflexionar acerca de un tema: quienes hicieron Dido & Eneas, porque a la vez, son talentosos y viven a la vuelta de tu casa…”)

Resulta curioso reflexionar acerca de un tema: quienes hicieron Dido & Eneas, porque a la vez, son talentosos y viven a la vuelta de tu casa, compran los martes en el súper por eso del 15% con tarjeta de débito y después, a la noche, van solos a ver películas francesas al Cine Universidad (al cine, el teatro y la ópera, hay que ir solos o con la persona indicada, no hay otra alternativa; agreguemos que las personas indicadas son aquellas que por lo común, estando cerca están lejos, siempre miran hacia otro lado).

¡Qué fácil resulta, llegado el caso, hablar bien de Virgilio, Purcell, Caruso, Messi y Agüero! Tan hartos estamos de nosotros mismos que buscamos la maravilla en la mitología o en los exitosos de turno (jamás la Historia se ha fijado en nosotros; jamás hemos protagonizado, por más nimio que resulte, acontecimiento alguno digno de ser recordado; desconocemos por completo las bondades del símbolo y la eficacia de la gesta; mendocinos: desapareceremos de la faz de la tierra y nadie sabrá jamás que la habitamos).

El reloj asegura (los relojes siempre aseguran) que son las 3:27, ya del sábado. Al amanecer, iremos con un amigo a Vallecitos, a subir un cerro, ya saben ustedes, las piedras y las nieve son las formas que adopta el silencio cuando quiere ser acariciado; mientras tanto, resuena en el pecho el coro final de la ópera Dido & Eneas, con Dido muerta en brazos de Belinda, muerta de pálido amor sobre el piso de palacio, como una gitana desnuda sobre el cuero del mundo:

With drooping wings ye Cupids come,
And scatter roses scatter roses on her tomb.
Soft and gentle as her heart.
Keep here, here your watch, and never part
”.

Con las alas plegadas se acerca Cupido,
y esparce rosas sobre su tumba,
Dulces y tiernas como su corazón.
Mantente aquí vigilante, y no partas nunca
”.

No sabe, la muy reina, que su muerte iluminará a los amantes por los siglos, que nos evitará morir por motivos semejantes, que su tragedia será antídoto contra los propios pesares y que, incluso, será aplaudida de pie, rojas las palmas de los últimos desahuciados. Todo es pasto del olvido, todo, menos aquellas ceremonias en las que se sacrifican reinas.

http://www.mdzol.com/mdz/nota/330825-una-vedette-desnuda-cayo-de-un-quinto-piso-sobre-un-camion-con-soja/

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Quedarse es morir un poco (o todo). Revista Don Marlon (30/09/2011)

Posted on enero 10, 2012

“Recuérdame, pero olvida mi destino”, suplica el protagonista en el aria final. ¿Puede acaso el hombre torcer su sino? ¿Cuál es el punto de inflexión entre la vida y lo predestinado? A estos profundos dilemas atemporales nos confronta la calificada como mejor ópera inglesa anterior al siglo XX: Dido y Eneas. Con la obra de Henry Purcell, elVioletta Club junto al Ballet Contemporáneo de Capital y un coro concertado para la ocasión, se visten con un “traje a medida”.

La imagen la comparte Gabriela Guembe, directora del conjunto de música barroca explicando por qué tomaron ésta y no otra de las prendas que atesora el arcón de composiciones líricas.

“La idea viene dando vueltas desde hace unos quince años cuando nos encontramos conPaula Waisman (directora de la Orquesta Barroca Argentina) y escuchamos la interpretación de  Alejandra Tortosa (soprano hoy integrante del grupo De Boca en Boca). Tiene un formato accesible y voces disponibles en Mendoza. Lo sentimos como un traje a medida para Violetta Club”, describe la violoncellista.

En poco más de una hora, los cuarenta artistas que tomaron este desafío saltarán siglos y siglos en la línea del tiempo y pondrán a modo posmoderno esta historia de 1689.

Para acercar la parte mítica que inspira la ópera, es decir el anclaje en el libro IV de laEneida de Virgilio, recrearán el prólogo pero sin pretensiones didácticas. Así los espectadores podrán apropiarse del hecho artístico como tal descartada la necesidad de contar con conocimientos previos para apreciarlo.

Margarita Pollini se ocupó de la redacción del prólogo especialmente escrito para esta puesta”, cuenta Guembe quien también asumió la adaptación y traducción de los textos en inglés con María Victoria Muñoz. En tal sentido cabe destacar que específicamente esta composición de Purcell se destaca por la magistral utilización de la lengua. Nunca antes ni después de él, el idioma encontró una mejor vehiculización musical.

En esta versión no se respeta la rima del inglés original y contará con un sobretitulado que le permitirá al público seguir el libreto de Nahum Tate.

El argumento trata sobre los amores de la legendaria Dido, reina de Cartago, y el príncipe troyano Eneas. El héroe debe partir al recibir la llamada de los dioses para fundar una nueva ciudad, Roma. Tras la partida de Eneas de Cartago, la reina Dido cae en una profunda desesperación que la lleva a la muerte.

Armonizando estéticas

Para organizar el cómo del proyecto, convocaron a Federico Ortega Oliveras quien se ocupa de la puesta en escena.

“Me interesó muchísimo esta posibilidad de montarla para La Nave Cultural y de que pudiera sumarse el Ballet con Valentina y Lucía Fusari. Espacialmente me gustó la idea de aprovechar la crudeza de los materiales de la sala. Que se vieran las chapas, las gradas. Al no disponer de un foso, los músicos pasaron a ocupar el corazón de la escena y al estar tan expuestos tienen su cuota de actuación. Aunque hemos tratado de no marcar nada en los ensayos para que los gestos espontáneos fuesen decantando y como natural consecuencia quedando”, suelta el actor.

En el caso del coro, con dirección de Elisabeth Guerra, se propone como un conjunto activo que asiente interpretativamente en determinados momentos de la acción.

Tal vez en la mixtura de conceptos estéticos encontremos el aporte de esta versión operística. Porque si bien desde lo musical se respeta el historicismo realista (con instrumentos y técnicas propias de la época en que fue concebida), el abordaje visual apela literalmente a la mirada contemporánea interpelándonos en este presente.

Inevitablemente estarán los mares que giran, y los bosques -locaciones explícitas del guión- pero también irrumpirá un auto en escena y nos mostrarán una cueva con señores tomando el té.

“Apliqué algo de lo que estudié en Montevideo con una directora que decía por ejemplo, ‘en esta escena se cita la idea de’”, cuenta Federico poniendo en valor las referencias que exigen de espectadores atentos aunque dándoles la libertad de construir sus propios mapas de relaciones.

Mientras que a Gabriela la moviliza el tema de la apropiación del destino en esta actualización del clásico, a Federico le atrae como leit motiv la fragilidad de aquello que recién se empieza a construir.

De esta semiosis ilimitada que nos convida Dido y Eneas seguramente encontremos similitudes con la coyuntura política que transitamos, y con cuantas situaciones de conspiración, hipocresía o sumisión descubramos a nuestro alrededor.

Silvia Lauriente

Ficha:

Dido y Eneas. Dirección musical: Gabriela Guembe. Puesta en escena: Federico Ortega Oliveras. Maestra de coro: Elisabeth Guerra. Coreografía: Lucía y Valentina Fusari.Escenografía y dirección técnica: Gabriela Bizón. Vestuario: Leonardo Peralta y Joana Ortega.

En roles protagónicos:

Dido, reina de Cartago: Gloria López Sandmann, mezzosoprano. Eneas, príncipe troyano: Fernando Lazari, barítono. Belinda, confidente de Dido: Griselda López Zalba, soprano.

Las funciones: Viernes 30 de setiembre a las 21:30. Sábado 1 de octubre a las 21:30. Domingo 2 a las 20. En La Nave Cultural: España y Maza, Ciudad.

http://www.revistadonmarlon.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=367:quedarse-es-morir-un-poco-o-todo&catid=23:opera&Itemid=79

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El tiempo: ayer y hoy, como una brisa fresca y dolorosa. Crítica Diario Los Andes (2/10/2011)

Posted on enero 10, 2012

Hoy, mañana, 320 años atrás; da igual. El llanto contenido, una y mil veces; la desesperación esparciendo tinieblas que toda luz ocultan; la certeza de sabernos irremediablemente solos; lo que se vislumbra imposible y, por eso, nos mata: ¿acaso hoy, mañana, en 1689, hacen de este dolor la diferencia?

Ella es Dido, reina de Cartago. Ella ‘fue’ Dido cuando el compositor Henry Purcell la imaginó, sentado a la luz de la vela e invadido por la húmeda noche de su Westminster natal. Londres era, entonces, lodo y sangre de las luchas protestantes. Londres era entonces, como toda la tierra Media, un mundo en el que las certezas divinas estaban en cuestión.

Allí, en aquel universo de misterios relativos, una noche húmeda Henry Purcell pensó en Dido. La imaginó, primero, temblando de emoción al besar los dedos de su héroe Eneas, el troyano, llamado a destinos más altos que el de su propio amor. La vio furiosa, ante la certeza de lo inevitable: Eneas habría de dejarla, sola; para siempre. La lloró sabiendo que Dido, ahogada en pena, decidió burlar el destino inevitable (el suyo y el de Eneas) considerando la muerte.
Seguramente esa noche, en la abadía de Westminster, Purcell tembló, tuvo miedo y dolor; como la ‘Dido’ que había creado.

Fue así, sin duda, porque la partitura en la que volcó sus sensaciones -320 años después de esa noche en vela- nos hace temblar, llorar, doler, sonreír como al propio Henry, pensando en su pobre Dido.

2011. Galpón urbano y rústico de la Nave Cultural. Ésas son las coordenadas donde hoy está Dido, nuevamente. Idéntica a como nació en 1689, entre los trazos del pentagrama de Purcell. Ella es Dido (la eficaz Gloria López), que canta su dolor imperturbable como si el mundo -entre aquella noche londinense que la gestó y ésta de 2011, en un desierto del sur- nunca hubiese sucedido.

Él es Eneas (el convincente Fernando Lázari), el príncipe troyano que ha de abandonarla para que nazca Roma. Sí: Troya hace siglos que fue devastada por el Caballo de Ulises. Pero hoy, en este galpón de hierro ferroviario, aún está viva; y late.

No es un viaje en el tiempo: sabemos que estamos aquí, en 2011. Lo sabemos porque la puesta de “Dido&Eneas” la pensaron jóvenes de nuestro tiempo: Gabriela Guembe (dirección musical) y Federico Ortega (puesta en escena).

Y así está trazada: el palacio de Cartago es un amplio espacio en el que el amor se vuelve pétalos y cuerpos (los del Ballet Contemporáneo de Municipalidad de Mendoza) que narran, con sus movimientos y mutaciones, el proceso interno de los personajes.

La cueva de la Hechicera (Marcela Carrizo) que, junto a sus dos compañeras (Jimena Semiz y Cecilia Zeid) urdirá la destrucción de Dido, es un territorio de lujos posmodernos donde pergeñar las tormentas.

No hay en esta puesta miriñaques, ni candelabros, ni pelucas empolvadas. El vestuario (Leo Peralta y Joana Ortega) es la exquisita confabulación de géneros y mixturas de nuestra propia época.

El dispositivo escénico es geométrico, sin trazos estructurales que lo contengan: se derrama en diversos espacios e impone al espectador una continua actividad perceptiva, fragmentada, de estímulos distintos y actuando al unísono.

Es verdad que los territorios pensados por Federico Ortega, para el cuerpo que Valentina Fusari pone eficazmente a Dido (a través de sus coreografías personales), parece desfasado de la puesta total; no funciona orgánicamente con ella. Es verdad que el diseño de iluminación (de Gabriela Bizón) no ha sabido cómo potenciar y resaltar, uno a uno, los innumerables instantes que requieren el apunte (tal vez sea éste el error más palpable de la puesta).

Pero Dido y Eneas están allí. Están vivos, en la pura contemporaneidad. Y lo están porque el grupo de cámara que derrama la música Purcell (Violetta Club) suena formidablemente, para mantener intacto el pulso sanguíneo de las melodías. Porque el coro (estupendo) y los cantantes (no podemos dejar de realzar la faena interpretativa de Griselda López como Belinda, de Carrizo, Semiz y Zeid) no sólo ponen su voz, sino también el cuerpo y los gestos al servicio de sus personajes: ellos ‘son’, sin tiempo.

Un detalle: se nos ocurre que el relato inicial de Margarita Cubillos es la mejor manera de introducirnos en ese territorio de amores y sombras sin edad.

Sí: Dido y Eneas están aquí como estuvieron antes, en otros tiempos y lugares. Dido y Eneas son ellos, hoy y ayer; y nos increpan como si aquella húmeda noche, en Westminster, Henry Purcell nos lo hubiese estado contando. Patricia Slukich – pslukich@losandes.com.ar

http://www.losandes.com.ar/notas/2011/10/2/tiempo-ayer-hoy-como-brisa-fresca-dolorosa-597445.asp

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Se estrenó la óprea Dido y Eneas, una puesta novedosa y divertida. Crítica Diario UNO (1/1/2011)

Posted on enero 10, 2012

Por Cristina Alfonso

En esta concepción de Dido y Eneas, estrenada en la Nave Cultural, con la dirección musical de Gabriela Guembe y la puesta en escena de Federico Ortega, los protagonistas fueron todos. La idea siguió la tradición de libertad que subyace al afrontar este drama inspirado en el canto IV de la Eneida, de Virgilio: el desdichado amor entre el héroe que huye de Troya y la reina cartaginense.

Dependiendo de cómo se mire y de qué se mire, la puesta fue una fuente casi inagotable en recursos posmodernos y muy bien cuidada en su presentación. Los elementos emanaron un tanto desarticulados, pero al cabo de una hora y veinte de humor y emociones dispares, se llegó a un final más auspicioso de lo que se esperaba. Claro está, que todo depende de la lectura y el enfoque del hecho artístico.

De las múltiples perspectivas que admite este espectáculo, dos de ellas constituyen el núcleo: la interpretación artística, por un lado, y la puesta, por otro. La partitura de Henry Purcell cobró vida con una orquesta barroca experimentada y un grupo de cantantes solistas vocalmente impecable. Gloria López (Dido), Fernando Lázari (Eneas), Griselda López Zalba (Belinda), Amalia Villalba (dama II), Marcela Carrizo (hechicera), Jimena Semiz (bruja I), Cecilia Zeid (bruja II), Lisandro Pellegrina (espíritu) y Cristian Mella (marinero) conjugaron sólida preparación musical con muy buen desplazamiento escénico y convicción actoral.

Los coristas, los bailarines (Ballet Contemporáneo de la Municipalidad de Mendoza) y la orquesta (Violetta Club y músicos invitados) fueron cómplices de los cantantes en el desarrollo del hecho dramático, con un juego barroco pleno de contraste y de discontinuidad. El trabajo, con base radicalmente libre, ensambló con precisión los elementos teatrales puros (gestos, vestuario, iluminación) con los irónicos (como el arma de fuego, el arma blanca, el auto de la bruja y los animales diabólicos). El desplazamiento coreográfico, marcado por Lucía y Valentina Fusari, subrayó tanto la línea instrumental como la vocal.

Los puntos débiles estuvieron en la iluminación, despareja, y en el prólogo. Destinada a informar acerca de los personajes y del contexto histórico, la introducción escrita por Margarita Pollini especialmente para esta puesta e interpretada por Margarita Cubillos, estuvo acertada en cuanto a tono y forma. Si bien el arte de hablar es inagotable en cuanto a estilo, las cosas que nunca debieran haberse descuidado son el énfasis, las pausas y el ritmo de la declamación.

En resumen, esta puesta alternativa, cantada en inglés y con traducción en pantalla, fue novedosa, divertida, no exenta de profunda emoción y provechosa. Si bien no todos los públicos ni las salas son iguales, puede decirse que esta puesta reunió al público ideal, en la sala adecuada. Desde este punto de vista fue todo un logro. Por lo demás, habría aún mucho más para reflexionar. Todo depende de cómo y qué se mire.

http://www.diariouno.com.ar/espectaculos/Dido-y-Eneas-opera-novedosa-y-divertida-20111001-0056.html

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Dido y Eneas será representada desde hoy en la Nave Cultural. Ciudadano On line (30/09/2011)

Posted on enero 10, 2012

Desde hoy al domingo en la Nave Cultural se representará la ópera mendocina Dido y Eneas, siendo la  primera obra de este género que se estrene en esta sala de Capital. Auspicia Radio Nihuil 98.9.

Esta ópera tendrá 40 artistas en escena, entre músicos, cantantes, bailarines y coro. Esta noche y mañana, las función será a las 21.30 mientras que, el domingo la obra se podrá ver a las 20.
Los cantantes Gloria López Sandman (Dido), Griselda López Zalba (Belinda) y Fernando Lazari (Eneas) serán los encargados de darles vida a los personajes de esta  ópera barroca por excelencia. Además, estarán acompañados por un coro dirigido por Elisabeth Guerra y por el Ballet Contemporáneo de la Ciudad de Mendoza, a cargo de Lucía y Valentina Fusari.

Los vestuarios fueron confeccionados por Leo Peralta y Joana Ortega; la puesta en escena estará a cargo de Federico Ortega y la dirección musical es de Gabriela Guembe.

La obra
Dido y Eneas, de Henry Purcell (1659 – 1695), es un eslabón más de una cadena de búsqueda artística del grupo de música barroca Violetta Club. Reconocidos ya en el ámbito local, con experiencia en festivales provinciales, nacionales y latinoamericanos, busca ahora conjugar lo sonoro con lo visual, apelando a una de las más celebres óperas del barroco.

La originalidad de la propuesta se basa en dos pilares. La versión musical es historicista, esto es, utiliza instrumentos y técnicas de interpretación acordes a la época de composición de la obra -y se diferencia así de las pocas puestas que la ópera ha tenido en la provincia-, y desde lo visual, se apuesta a lo contemporáneo, perspectiva que tampoco ha sido explotada en las puestas escénicas de nuestro medio.

Dido y Eneas está basada en una historia contenida en la Eneida de Virgilio, sobre los amores de la legendaria Dido, reina de Cartago, y el príncipe troyano Eneas.

El héroe debe partir al recibir la llamada de los dioses para fundar una nueva ciudad, Roma. Tras la partida de Eneas de Cartago, la reina Dido cae en una profunda desesperación que la lleva a la muerte. / Jeremías Chacón

http://www.ciudadanodiario.com.ar/component/content/article/115-espectaculo/20133-dido-y-eneas-sera-representada-desde-hoy-en-la-nave-cultural.html

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Tres imperdibles noches. Diario UNO (29/07/2011)

Posted on enero 10, 2012

Historicidad musical y contemporaneidad visual confluyen en Dido y Eneas, la ópera que la historia convirtió en la obra cumbre del barroco inglés y que viernes, sabado y domingo se montará en la Nave Cultural con una tripulación que emerge desde múltiples lenguajes artísticos.

Violetta Club, banda de “restauradores de la música antigua” desde la música, el Ballet Contemporáneo de la Ciudad de Mendoza desde la danza y un grupo de cantantes armado especialmente para encarar esta original puesta en nuestra provincia son algunos de los 40 artistas que se embarcarán en este desafiante viaje. A los “navegantes” se suma un coro de cortesanos, brujas y marineros que estará coordinado por Elisabeth Guerra.

Dido y Eneas tiene su fuente de inspiración en La Eneida, obra compuesta en el siglo I aC por Virgilio, quien elaboró una reescritura de los poemas homéricos. En 1689, el inglés Henry Purcell hizo foco en la trágica historia de amor que simboliza la eterna enemistad entre Cartago (Dido) y Troya (Eneas) y le aporta complejidad escénica con diversos lenguajes del arte.

Cuatro siglos más tarde y en el Oeste argentino, un grupo de artistas de múltiples disciplinas se cruzaron para actualizar una historia que adquiere plena vigencia en esta tempestuosa y pasional era posmoderna. Lo ruptural se convirtió en una de las premisas del grupo de trabajo.

Sin escondites
“Un punto de partida decisivo en este sentido es que esta ópera fue concebida para montarse en un lugar que no es un teatro. La ópera está, generalmente, resguardada por el foso para los músicos, las bambalinas, el mutis, muchos elementos que apuntan a esconder; por el contrario, en esta puesta está todo al descubierto, estamos bañados por la misma luz”, explicó Alejandro Fiore, ejecutante del violín barroco en Violetta Club, grupo dirigido por Gabriela Guembe.

“La idea es evitar las situaciones de ‘friso’ del teatro clásico”, agregó Federico Ortega, a cargo de la puesta de la obra. La alusión, según aclaró, refiere a que en las óperas tradicionales los espectadores suelen ocupar un lugar pasivo, casi se diría de “televidentes”.

Y esa idea motriz de “puesta industrial” fue potenciada por el lugar elegido, urbano, de chapa y alejado de la estructura de un teatro clásico. “No hay nada escondido ni hay dónde, los intérpretes están al ras del piso, al igual que los músicos y los bailarines”, detalló Ortega. Esta idea fue también replicada en los vestuarios –responsabilidad de los diseñadores Leo Peralta y Joana Ortega, quienes han trabajado con vestuarios “en crudo” como mamelucos y materiales reconocibles de la cotidianidad– y en la teatralidad. “Se busca ante todo generar proximidad y, a la vez, que los cuerpos que cuentan la historia, ya sea cantando, bailando o tocando, convivan, no que ni se vean, esas convenciones operísticas ya están perimidas”, explicó el puestista.

“Sí usamos –añadió– referencias concretas de la maquinaria del teatro barroco, como marco de una puesta actual, lo barroco se da con música, danza y vestuario”.

Sin estereotipos
Persistentes en derrocar lugares comunes, músicos, cantantes y bailarines trabajaron también en desestructurar sus roles para huir de los estereotipos. Y esto se traslada también al nivel conceptual, por ejemplo en contrastes barrocos como el bien y el mal.

“Dido y Eneas es una obra que tiene mucho resuelto, de hecho fue concebida para un conservatorio. Es accesible, corta y a la vez posible de concretar en cuanto a requerimientos técnicos”, destacó Fiore. Por esto, el equipo apuntó a innovar también desde el “cómo” contar la historia.

A nivel conceptual, la vitalidad de la temática reside, para Ortega, en esa pugna entre la construcción y la destrucción, que se traslada a los tópicos de “amor” y “destino”, entre los que se mueven los protagonistas de la ópera. Y qué más contundente para graficar esta tensa lucha de fuerzas que el verso de la célebre aria que entona Dido previo a su trágico final: “Recuérdame, pero olvida mi destino”.

La obra está cantada en su inglés original y se dispondrá de un sobretitulado.

Hacedores

-Gabriela Guembe es la directora musical de la ópera y Federico Ortega, el puestista. Lucía y Valentina Fusari son las encargadas de la parte coreográfica.

-La escritora Margarita Polini elaboró un prólogo especial para esta versión que funcionará como anclaje narrativo.

Dido y Eneas
Funciones: viernes y sábado, a las 21.30, y domingo, a las 20, en la Nave Cultural (España y Maza, Ciudad).
Entradas: $30, $50 y $70 (en venta en la boletería del complejo).

Gisela Emma Saccavino
gsaccavino@diariouno.net.ar

http://www.diariouno.com.ar/espectaculos/Tres-imperdibles-noches-20110929-0023.html

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Dido y Eneas, la tragedia del destino. Diario Los Andes (30/09/2011)

Posted on enero 10, 2012

La ópera purcelliana regresa a los escenarios locales con 40 artistas capitaneados por el grupo de música barroca Violetta Club.

Si bien la ópera del británico Henry Purcell (1659-1695) ya se ha interpretado varias veces en Mendoza, no cabe duda de que hasta la fecha no se ha abordado desde el particular punto de vista propuesto por esta compañía independiente de artistas mendocinos, cuarenta en total,  exclusivamente reunidos para la ocasión.

Por un lado, esta versión desde lo musical es auténticamente historicista; es decir, que respeta los instrumentos barrocos y las técnicas de interpretación de la época en que fue concebida por el autor, a finales del siglo XVII. Y por otro lado materializa visualmente esta historia con vestuario y escenografía contemporáneas.

Estas dos decisiones estéticas diferencian a esta producción de todas las anteriores realizadas en nuestra provincia, con la intención de renovar el atractivo de la ópera para una nueva generación de espectadores.

En el camino de actualizar en 2011 una obra de 1600, inspirada a su vez en un poema épico del siglo I aC, las posibilidades de abordaje pueden resultar tan numerosas como las puestas realizadas desde el estreno en Londres en 1689, hasta hoy; un siglo XXI en el cual “Dido y Eneas” goza de una total vigencia en las producciones de las casas de ópera internacionales, a pesar de haber pasado inadvertida en el momento del debut, 322 años atrás.

Para escapar de la iluminación de fogatas, y de las togas blancas escenificando el estereotipo del clasicismo romano que el público europeo digería en tiempos de Purcell -un total cliché-, el grupo de música barroca Violetta Club, ideólogo de este proyecto, prefirió simpatizar con la línea de montaje actual de las producciones europeas, que consiste en cambiar la época y el lugar de los acontecimientos, aunque protegiendo el relato original; tal como sucedió en una reciente producción en Lausanne, con una pareja protagonista luchando por su amor en la España franquista.

Para volver a narrar la legendaria tragedia entre Eneas, el príncipe troyano, y la reina de Cártago, Dido, en este estreno (en tres funciones, hoy, mañana y el domingo) el texto permanecerá casi intacto (con excepción de un revelador prólogo interpretado por la actrizMargarita Cubillos y escrito por la crítica de espectáculos porteña Margarita Pollini); aunque la manera de narrarlo, desde el punto de vista visual, está imaginado para disipar las referencias temporales y espaciales, colocando a los protagonistas en un indefinido rincón del siglo XX, en una imprecisa y atmosférica década de un país posindustrial.

Predeterminado como el destino de Eneas (guiado por los dioses a fundar Roma), este enorme galpón taller de la Nave inspiró la maqueta visual del proyecto, convirtiéndose en la primera ópera estrenada en este complejo de salas.

“Desde el principio hubo un factor determinante para esta nueva adaptación”, nos detallaAlejandro Fiore, cuerdista de Violetta Club, “y fue la forma metálica de la sala. Entonces decidimos aprovechar ese peso físico e histórico de haber sido una vieja estación de trenes”.

Al montar la ópera fuera de los convencionalismos estructurales de un teatro, las entradas y salidas de los personajes, así como los engranajes de la escenografía permanecen abiertos a la vista del público y la trama se lleva  a cabo en un gran espacio de un escenario sin altura, donde los músicos están vestidos con overoles y los protagónicos lucen vestuario urbano y moderno.

“Con estos elementos contemporáneos queríamos captar al público joven y renovar a los espectadores”, admite Fiore. “Es que uno habitualmente oye la palabra ‘ópera’ y se le viene el miriñaque a la cabeza. Muchos sabemos que el mundo de la ópera actual no es así. En Europa la gente vio mil veces la misma ópera, y la única forma de que las compañías llamen la atención es a través de una puesta diferente”.

Si bien el texto original es extensísimo, para abordar este IV libro de la “Eneida” deVirgilio donde aparece la historia de Dido y Eneas, Henry Purcell, en colaboración con el dramaturgo Nahum Tate, comprimió el relato a una hora de duración y lo dividió en tres actos; convirtiéndose en la única ópera de este compositor.

“Pensamos que en este momento en Mendoza hay gente preparada y profesional para llevar a cabo este proyecto”, admite  Fiore y desde esta consigna apuesta a la materialización del proyecto.

El elenco

El esplendor del barroco medio (período de pertenencia de esta ópera) regresa con músicos, cantantes, bailarines y coro, resultado de un trabajo cooperativo de un gran número de colegas de la Escuela de Música y de otros proyectos musicales. La cantanteGloria López Sandman interpreta a Dido, Griselda López Zalba a Belinda yFernando Lazari a Eneas.

Al canto se suma un coro con la batuta de la maestra preparadora Elisabeth Guerra y la danza está a cargo del Ballet Contemporáneo de la Ciudad de Mendoza, dirigido por las hermanas Lucía y Valentina Fusari.

En el caso de los vestuarios, fueron confeccionados especialmente por los diseñadores Leo Peralta Joana Ortega, mientras que la puesta en escena y la dirección musical es deFederico Ortega Oliveras Gabriela Guembe, respectivamente.

No obstante, la idea original para llevar a buen puerto esta nueva adaptación pertenece por entero a Violetta Club, de consagrada trayectoria a nivel nacional y con una intensa experiencia en festivales provinciales, argentinos e incluso latinoamericanos.

Los Violetta (Sebastián Alcaraz, Alejandro FioreGabriela GuembeJosé Luis Di Marco y Gustavo Richter), se han confesado desde el primer momento amantes dePurcell; de hecho, el primer CD del grupo “Música restaurada” (2008) contiene seis piezas de su querido Henry.

“Desde nuestros orígenes hemos tocado justamente dos piezas de ‘Dido y Eneas’ que nos
gustan mucho, el de apertura y las danzas” nos aclara Gabriela Guembe, la directora musical de la ópera. Además agrega: “En la puesta está el espacio con más libertad que uno puede disponer y por eso el resultado es tan contemporáneo; no nos anclamos en ningún período histórico en particular pero los acontecimientos están sucediendo en algún momento del siglo XX”.

“Desde lo musical, y como toda partitura antigua, está también abierta a las decisiones que toma el intérprete. En el caso de esta adaptación le hemos agregado flauta, contrabajo para reforzar el bajo”, dice Guembe. “Dido y Eneas” tiene una de las arias más conmovedoras de la historia de la ópera, “Cuando yazca bajo la tierra” (“When I am laid in earth”), además considerada hoy como una de las mejores de la historia de la música. Pablo Pereyra – ppereyra@losandes.com.ar

http://www.losandes.com.ar/notas/2011/9/30/dido-eneas-tragedia-destino-596984.asp

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